La mentira descubierta

 

padre

 

La Mentira Descubierta


comparto la siguiente historia como un ejemplo de la vida sin violencia en el arte de los padres:

Yo tenía 18 años y estaba viviendo con mis padres en las afueras, a 18 kilometros de la ciudad de Gijon, en España, en medio de manzanales. Estábamos muy alejados y no teníamos vecinos, así que a mis tres hermanos y a mí siempre nos entusiasmaba poder ir a la ciudad a visitar amigos o entrar al cine.

Un día mi padre me pidió que le llevara a la ciudad para asistir a una conferencia que duraba el día entero y yo aproveché esa oportunidad. Como que iba a la ciudad mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y, puesto que iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes, como llevar el coche
al taller.

Cuando me despedí de mi padre, me dijo: "Nos vemos aquí a las cinco de la tarde y volvemos a casa juntos". Después de completar muy rápidamente todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me concentré tanto en la película, una película doble de John Wayne, que me olvidé del tiempo.

Eran las 5.30 de la tarde cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el coche y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6.

Él me preguntó con ansiedad: "¿Por qué llegas tarde?"

Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne; entonces le dije que el coche no estaba listo y que tuve que esperar... Esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.

Cuando se dio cuenta de que había mentido, me dijo: "Algo no anda bien en la manera como te he criado, puesto que no te he dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar sobre qué es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 kilometros  que hay hasta la casa y a pensar sobre esto."

Así que, vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos que no estaban ni pavimentados ni alumbrados. No lo podía dejar solo. Así que conduje 5 horas y media detrás de él... viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.

Decidí desde aquel momento que nunca más iba a mentir. Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso: "Si me hubiese castigado de la manera como nosotros castigamos a nuestros hijos... ¿habría aprendido la lección?"
¡No lo creo! Habría sufrido el castigo y habría seguido haciendo lo mismo... Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer... ¡Éste es el poder de la vida sin violencia!

 

Franastur 12-10-09

 

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