Tributo a los mineros

30.10.2009 22:34

Tributo a los mineros

 
 

 Como asturiano que soy nativo de la cuenca minera nacido en Sta cruz de mieres.

 Nieto sobrino y hermano de mineros, va mi recuerdo y mi cariño para todos aquellos

Que dejaron o quemaron su vida como diría la canción de Victor Manuel , alla en la mina.

 Francisco Jose Fernandez Cortes

Franastur


 

EL TRIBUTO A LA MINA DE LA GENTE DE SANTA CRUZ 

 

La minería asturiana está jalonada de accidentes, cuando no catástrofes, que han costado la vida a gran número de mineros, o la han puesto en grave peligro. En estas líneas, y sin pretender ser exclusivo haremos mención a un desgraciado accidente en el que se tuvo por protagonistas a gentes nativas de Santa Cruz y, también a gentes no nativas pero que vivieron en el mismo. Insistimos en no dejar a nadie en el olvido, aunque no fuesen protagonistas de esta tragedia y que tal vez lo hayan sido de otras. A todos ellos nuestro entrañable recuerdo.

Transcribimos a continuación casi al pie de la letra un episodio del libro “Apuntes para una posible historia de la minería asturiana-especial referencia a Aller y Mieres-“ cuyo autor es GUILLERMO FERNÁNDEZ  LORENZO, buen amigo y excelente investigador, al que desde aquí le agradecemos la deferencia mostrada por permitirnos escribir estas líneas. Gracias Guillermo y un abrazo para ti y para tu esposa Cheres.

 

“A las 10 y media de la mañana del día 12 de Febrero de 1.946 se produjo un accidente en el primer piso del grupo minero Melendreros-Tarancón, en términos de este lugar perteneciendo a la Sociedad Hullera Española y del cual es Ingeniero Jefe D. Jose María Rubiera.

 El vigilante de mina Rafael García Llames y el  joven capataz Celso Fernández Colunga(nacido en 1923.Huérfano desde los 6 años, tuvo que  ponerse a trabajar a los 12 al tiempo que estudiaba. Fue el alumno más joven en acabar sus estudios en la Escuela de Capataces de Mieres. Fue Jefe del Grupo Marianes y se prejubiló como Capataz de Seguridad en el Pozo S. Antonio con 58 años) una vez terminada la inspección por la galería y la explotación, y no observando anormalidad alguna, se dirigen a la salida de la mina y, cuando se hallaban próxima a esta, sobrevino u golpe fortísimo de viento. Sospechando que algo había ocurrido, vuelven atrás, y bastante antes de llegar al punto de partida, sintieron que el oxígeno les faltaba.

A duras penas, salieron al exterior y dieron cuenta de lo que ocurría. La noticia llegó inmediatamente a las oficinas, se extendió por el pueblo, y a los pocos minutos entraban, casi sin precaución alguna, guiados tan solo por Isidro Baranda, Ramón  Ibarrola, José María Moreno, y José María Rubiera, ingenieros los cuatro de la Empresa; Fernando Pendás y Nicanor Fernández, capataces; José Martínez Mallada, vigilante de explotación, y Raimundo Longo, mecánico motorista de Melendreros. Soberbia amalgama, repetimos, de la solidaridad de la mina.

Cien metros, doscientos metros, casi trescientos metros galería adelante. De pronto Jose María Moreno, se desvanece.

Otro de los que le acompañan corre la misma suerte. Y Nicanor Fernández, Isidro Baranda y Ramón Ibarrola, semiinconscientes por los efectos del gas, se dirigen al aire libre, y encuentran en el camino a otro grupo de valientes que, jugándose todo, marchan a la busca de sus compañeros en peligro. Una frase apenas modulada:

                 

     “ Entrad por los otros que se han caído”

 

 


Y allá fueron los capataces Eloy Cachero, Manuel González Hidalgo, Celso Fernádez Colunga y los guardias jurados Vicente Castaño y José García. Ellos, tras ímprobos esfuerzos, lograron sacar al ingeniero José María Moreno, al capataz Fernando Pendás, al mecánico Raimundo Longo y al vigilante Mallada. Cuatro vidas rescatadas después de más de una hora de practicar la respiración artificial

Cuando Cachero y sus camaradas salían de la mina con los accidentados, otro grupo de valientes se lanzaba al interior: lo componían Jesús García Díaz, capataz de 42 años casado y vecino de Bustiello, Esteban Angel Rodríguez Iglesias, de 38 años y avecindado e Caborana; Marcelino Alvarez Fernández, de 30 años, soltero, que vive en Carabanzo, picador; Ramón Ramírez Garrido, barrenista, y Mariano Alonso Helguera, así como Adolfo García Torres  ”Adolfito”(foto)  oficial de primera mecánico

Los que salían le aconsejaban que diesen la vuelta; pero a ellos les habían dicho fuera que uno de sus camaradas quedaba en el fondo de la galería, y <

Inmediatamente entraron en acción las brigadas de salvamento: la de la Hullera Española cuyos hombres, provistos de las correspondientes caretas, extrajeron los cadáveres de los fallecidos por asfixia, y la de Turón, que acudió a los pocos momentos, dirigida por el ingeniero Luis Berthier y por el capataz Luis Díaz.

Los compresores empezaron a trabajar al máximo posible para ventilar la galería y facilitar el avance hacia el lugar donde quedaban los ocho productores sorprendidos por la explosión cuando se entregaban a las cotidianas tareas, y cuyos nombres y afiliaciones son los siguientes: Primitivo Castañón Castañón, picador, casado, de cuarenta y dos años, vecino de Lena; Manuel Rodríguez González, de treinta y seis años, casado, picador, de La  Felguerosa (Aller); Antonio Fernández Espina, casado, de treinta y dos años, con residencia en Piedracea ( Lena), picador; Domingo Farpón García, de treinta y dos años, casado, picador, de El Castro-Moreda ( Aller); Manuel Fernández Robezo, picador, casado, de treinta y un años avecindado en La Felguerosa; Valerio Lobo González, de diecinueve años, soltero, de Nembra (Aller), rampero; Antonio Velasco García de veinte años, soltero, con residencia en Piñeres y rampero como el anterior, e Isidro Salvador Velasco Menéndez, de veintitrés años, soltero, vecino de Revallinas y ayudante de barrenista.

            Las manifestaciones de duelo fueron impresionantes y en Bustiello se verificaba el traslado del cadáver del capataz Jesús García Díaz al cementerio de Santa Cruz. En  Bustiello se unieron a las autoridades el ilustrísimo señor obispo de la diócesis, doctor Arriba y Castro; el vicario general, don José Cuesta y el Jefe de Sindicatos del Combustible, Secundino Felgueroso.

Después de haber hecho presente su condolencia a la viuda del infortunado capataz, la comitiva se puso en marcha. Muchas coronas, una de ellas de claveles rojos y blancos, de los amigos de los muertos, y un gentío imponente que obstruía por completo la carretera en largo trozo. El párroco de Santa Cruz, don Jesús Muñiz, y los capellanes de la Empresa, don Eduardo Fernández Calvo y don Herminio Martínez, marchaban con cruz alzada inmediatamente detrás del ataúd, y a continuación, los diversos duelos. En el largo trayecto que media de la casa mortuoria al cementerio se relevaron en llevar el féretro, capataces de la Hullera, y en todo el  recorrido, se produjeron elocuentísimas pruebas de cariño que había sabido granjearse el ejemplar productor muerto en acto de servicio.”

 

                                        Hasta aquí el relato de los hechos que Guillermo Fernández Lorenzo plasmó.

    A nosotros solo nos queda decir que no solamente a los aquí nombrados sino a tantos otros que sintieron el  zarpazo de la mina                                                       en sus carnes están presentes en nuestro corazón.

                     

(Los nombres subrayados corresponden a vecinos de Santa Cruz)        

   

Víctor Manuel Fernández Rodriguez   

José M. Fernández Ordóñez

10-09-2006

 

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